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The bitches in my house

11.4.10
Todo comenzó así: Sasha (mi housemate) se sentía sola y decidió que la mejor manera de no sentirse sola era teniendo un perro. Yo no pensaba gastar ni un solo dólar en un perro pero ella accedió a pagar todo porque sí o sí quería uno. Encontró que una señora vendía a su perra de 5 meses (Malamute ... wikipedia knows it all) a AU$250. Alquiló un auto para recogerlo (que le salió en AU$120 porque como era Semana Santa tenía que quedárse con el auto 4 días), y yo accedí a acompañarla (ella necesitaba que alguien vaya con ella porque no sabe hacer nada sola).

El perro (que hasta ese entonces solo se llamaba "two" -porque fue la 2da en nacer pero a mi me sonaba a numbertwo del baño-) no era un raza pura sino un mestizo. No chusco. Mestizo. Dicen que su papá era un Malamute puro (un sangre limpia) y su mamá era una mezcla de algo con algo, pero cuando la ví (a la mamá de two) era más chusca y negra que perro de Centro de Lima (y aquí vino el comentario racista). Así que esta perra (two) (una sangre sucia como dirían los seguidores de Voldemort) era una mezcla del Malamute con la negra (y así como en la época de la conquista española salen los mestizos, así salió esta perra). Pero tampoco me malinterpreten, no todo perro chusco es feo ni malo. Mi hijo querido y adorado, homosexual hasta la médula, y sin huevos por culpa de mi madre, es chusco. Bueno, nos lo vendieron como un Shit-zu sangre limpia pero conforme pasaron los años le empezaron a salir rasgos de Pekinés. Todo un lío el que mi mamá hizo con Indecopi y la tienda que nos la vendió (la del Jockey Plaza). En fin, mi perro al final es más bonito siendo un Peki-zu sangre sucia que siendo un raza pura (porque, ¿han visto como son de feos esos perros?).

Anyway, mil horas después Sasha quería al perro. A mi la verdad no me movia ni un pelo (y eso que a mi me gustan los perros, pero no era algo así que dijera "me muero por este perro, lo quiero ahora"). Nah. Cero química. Así que pagó, nos la llevamos, y luego de hacer popó en la calle (en medio de la calle, ante la mirada juzgadora de miles de personas), llegamos a casa. Obviamente en el pequeño cerebro de mi querida housemate, no se le ocurrió que cuando trajera al perro a casa este no iba a tener comida ni cama (esta chica cuando de a luz llevará a su hijo y se dará cuenta que no compró la cuna). Así que tuvimos que dejar a la perra sola en una casa nueva, en el jardín, por dos horas, mientras íbamos a comprar su comida, platos, cama, etc etc etc. Finalmente regresamos a casa para encontrar a la perra en la sala. Y he aquí donde seguramente ustedes se preguntaran (y si no, mal hecho por no preguntarse esto) tal como nosotros nos preguntamos "¿Cómo coños (otra palabra que se me pegó luego de andar leyendo libros en traducción española) entro el perro a la casa? Llegamos a la puerta del jardín y esto fue lo que encontramos:


La perra había arañado la puerta de triplay (porque esa puerta es un chiste realmente, de verdad parece de triplay) y había sacado cuanta madera pudo para poder hacer un hueco y pasar por ahí arañándose toda su humanidad (perdón, ¿su perrocidad? ¿caninidad? ¿guau-güidad?) y llegar dentro de la casa. Pero porque era su primera noche (y bueno, a decir verdad, la puerta ya no funcionaba como barrera) dejamos que la perra se quede dentro de la casa. La sacamos, le encontramos nombre (Coco, y no por Channel porque definitivamente, no huele a Channel), no orinó ni michi en todo el camino y la dejamos en su cama para que duerma. La perra amaneció jateando en el mueble, se había orinado en tooooda la cocina, había destruído el control remoto de la TV y no contenta con eso, también mordisqueo el enchufe del otro televisor (esta perra no quería que vieramos Ben Hur en Semana Santa).



Resulta que mi querida housemate, no tenía idea de lo que significa tener un perro. No sabía que había que entrenarla, que había que regañarla cuando hace algo mal (la genial idea del cucurucho, el periódico enrollado con el que golpeas el piso y dices "no!"), que tiene que acostumbrarse a sus horarios de comida y que tiene que saber dónde orina y dónde duerme. Supuestamente, la idea era que la perra durmiera en el garaje, pero como es una marica entonces no quiere siquiera pisar el garaje porque le da miedo. Hasta la fecha, duerme en la lavandería. Y cuando Sasha le deja la puerta abierta para que entre a la sala, la encuentras durmiendo tirada en el mueble. Al final, quien está entrenando a la perra (a las 2, Sasha y Coco) soy yo (a Sasha la entreno para que entrene a la perra y a la perra la entreno para que no domine a Sasha). Aun así, la perra me adora (Coco, no Sasha).

Esta perra es la versión Australiana de Marley & Me ... Coco and Me.



2 post-its:

  1. Vaya tela con tu compañera de piso. y porque no adopto en lugar de comprarlo?

    Besitos de caramelo

  1. SoOz dijo...:

    porque al parecer, no tiene cerebro.